Desde ya hace algunos meses, me he encontrado con posts que hablan sobre cómo identificar contenido generado por inteligencia artificial o cómo usarla para levantar contenido. Aunque para mí han sido todos muy interesantes, han despertado ciertas dudas sobre el tema: ¿acaso hace falta tener una lista de consejos o tips para identificar este contenido? ¿Es la inteligencia artificial realmente capaz de crear contenido que parezca humano? ¿Somos capaces de diferenciar sin necesidad de conocimientos previos?

Aunque no tengo una respuesta definitiva, pienso que el discernimiento de estas cuestiones es muy relevante en la actualidad. Creo que después de escuchar varios podcasts, leer blogs y estudios sobre estos temas, he encontrado una razón que me hace asegurar que no hace falta una lista de consejos o errores de IA para identificar el contenido generado.

La IA no puede replicar la creatividad humana. El criterio humano es capaz de discernir entre lo humano y lo artificial porque, probablemente, la IA nunca sea capaz de ser realmente creativa.

Por esto tengo que decirles que no vamos a lograr reemplazar al trabajador en las industrias creativas, especialmente en la creación de contenido, engagement y/o branding.

¿Qué es el ruido?

En un aspecto técnico, el ruido es una mezcla de ondas sonoras de distintas frecuencias y amplitudes sin armonía. Pero, humanamente, el ruido es algo molesto, no deseado, algo que no está articulado. En diseño gráfico llamamos ruido a los elementos que rompen la armonía de una composición, ya sea por el desorden que generan o por su poca estética. En cualquiera de los casos, el ruido tiene dos denominadores: la armonía y la amplitud.

Pareciera ser que el ruido es algo que puede causar malestar o que rompe con el orden al que estamos acostumbrados; sin embargo, el ruido es un elemento esencial en la naturaleza y está presente en todos los ámbitos. Ya sea estando “Away From Keyboard” (AFK) o “In Real Life” (IRL), el ruido es un componente que, como humanos, esperamos encontrar.

Imagina que vas por un bosque y de pronto, con el paso de una ráfaga de viento, todo se queda en silencio… siente cómo la incomodidad te penetra; algo no está bien. Nos encanta el ruido, lo necesitamos para vivir. Si bien el ruido siempre está presente quebrando toda armonía, es una parte esencial de nuestro entorno; el ruido debe tener un volumen adecuado.

Lo que nos molesta es la amplitud. Un ruido de fondo es necesario, pero la amplitud juega un papel importante, al igual que el gusto. Todos podemos decir que algo nos molesta cuando un elemento destaca por no estar en “su lugar” o exceder un tamaño o volumen acorde. No es lo mismo oír un violín tocado por un virtuoso, que por tu hijo que lleva dos clases; o que el vecino ponga música a las 2 de la mañana. Está fuera de lugar: es ruido. De cualquier manera, cuando eso está en un lugar o tiempo correcto —a lo que llamamos ejecución— y se presenta de una manera armoniosa, tiene otro efecto: es música para los oídos.

La anomalía es ruido, lo que no está bien o claro es ruido, pero usado de la manera correcta es parte del todo. En diseño gráfico utilizamos constantemente estos recursos “ruidosos” para romper el ritmo, crear tensión o comparación, con la intención de generar un impacto en los receptores.

Ahora bien, es este uso de recursos y la comparación basada en la experiencia personal la que hace que los elementos se ordenen de una manera tan particular que imprime la huella de lo humano en la creación. En su esencia, el ruido es caótico y natural, se contrapone a lo artificial. Si el ruido se basa en leyes o deja de contraponerse a la armonía, entonces ya no es ruido, es algo del todo.

Este es el problema general de la Inteligencia Artificial: nunca podrá saltarse un orden lógico. Es predecible y tiene una estructura tan rígida que es fácil de detectar; carece de ruido e improvisación, por eso fracasa en la creación de contenido y publicidad.

¿Por qué fracasan las campañas de Inteligencia Artificial?

Para mí es porque carecen de ruido y de gusto. Generan un ruido reconocible que está tan armonizado que parece «algo del montón». No llaman la atención porque crean una mezcla de contenido que tiene tanta lógica como carece del elemento ilógico; tanta armonía como falta de ruido.

El ser humano tiene una atracción natural hacia lo que es natural. Nada sabe mejor que la comida hecha en casa, y no es por los ingredientes, es por la conexión que genera contigo. La experiencia acumulada de años alrededor del arroz o el pastel de la abuela es simplemente incomparable. No tiene que ser perfecta para ser perfecta.

Este es el problema con la IA: sigue parámetros, algoritmos y reglas que, aunque son reales, no son naturales. La naturaleza se rige por la indeterminación. Escoger mal, no hacer todo a la perfección, es un arte que hemos perfeccionado y que nos ha hecho avanzar. No se descubre un bombillo haciéndolo una vez bien, hacen falta varias pruebas, y eso no hace al bombillo más perfecto, sino a quien lo inventa.

Las campañas de IA y los chatbots fracasan por el exceso de ruido que generan bombardeando a las personas (amplitud), y por la falta de ruido en sus interacciones (armonía). No generan atracción y crean una bulla innecesaria en las interacciones de marca.

Si te interesa leer más te dejo este par de artículos sobre temas relacionados:

Puromarketing (Blog)
UNIE Universidad (Blog)
Geoff Engelstein – Randomness (Youtube)